FLCL es de esas series que la gente ve y al principio piensa que no entiende nada, pero esa confusión es casi parte del punto. No viene con una trama lineal para seguir paso a paso, funciona más como un estado de ánimo o una metáfora sobre el crecimiento y la pubertad. La animación tiene altibajos en algunos episodios, sí, pero compensa con momentos visuales muy estilizados y con una banda sonora que literalmente lleva el ritmo de todo.
Lo que mejor funciona es cómo usa el absurdo para hablar de cosas reales: esa apatía típica de los catorce años, la frustración de crecer sin saber exactamente cómo, y los recuerdos que se superponen de forma caótica. Haruko es icónica por una razón, y Naota captura bien esa mezcla de indiferencia y vulnerabilidad adolescente.
Si buscas coherencia narrativa estricta o explicaciones claras, quizás te frustre un poco. Pero si entras con la idea de que es una experiencia sensorial y emocional, casi no falla. La recomiendo mucho, sobre todo si te gusta el anime antiguo o simplemente quieres ver algo que no se tome demasiado en serio pero que deje huella.
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