(OK) Demme tiene el ritmo y el tono justo, los actores impecables, incluyendo a Robards con el diálogo y risita perfecta de inmenso abogado conservador, se evita el maniqueismo pero se incurre en licencias algo cursi. La secuencia de Hanks extasiado con la ópera, fuuero de lo forzado y estreotipado, funciona gracias a Washington
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